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¿Qué significa ser mujer hoy?

La respuesta a esta pregunta no es sencilla, ni debería serlo. Cambia con los años, los contextos, los territorios. Cambia con cada mujer.

Durante gran parte del siglo XX, ser mujer fue sinónimo de cuidado del hogar, maternidad, sumisión. Más tarde, se reivindicó el derecho a ser libre, independiente, autónoma. Y hoy, ¿en qué punto estamos?

Vivimos una era donde, supuestamente, la libertad femenina ha alcanzado su punto más alto. Las mujeres pueden estudiar, votar, liderar empresas, decidir si quieren o no ser madres. La sociedad ha aprendido, al menos en el discurso, a abrazar la autenticidad, a celebrar la diferencia Sin embargo, la libertad femenina actual parece tener límites invisibles, pero muy reales. Se aplaude a la mujer fuerte, emprendedora, que rompe techos de cristal. Pero se cuestiona, y a veces ridiculiza, a la que elige conscientemente un rol tradicional. Un ejemplo de esto son las llamadas tradwives (del inglés “esposas tradicionales”). Mujeres que deciden, sin imposición, dedicarse al hogar, a su familia, a la cocina, a la costura, a la crianza.

Influencers como la española Roro han sido blanco de críticas solo por mostrar con orgullo que disfrutan cuidar de su hogar. Se las acusa de “retroceder” en los derechos ganados, como si la libertad de elegir solo aplicara cuando esa elección coincide con lo que el feminismo moderno considera válido.

Entonces, ¿realmente hay libertad?

¿No es igual de valioso que una mujer quiera ser doctora o repostera, líder política, mamá a tiempo completo o correr maratones, o todo eso a la vez?

Ser mujer no debería implicar ajustarse al molde antiguo ni al nuevo. Porque sí, hoy también hay nuevos moldes disfrazados de libertad. El problema no son los roles. El problema es la presión de encajar en alguno.

Ser mujer, en su forma más plena, debería significar la posibilidad real de elegir. Sin culpas. Sin etiquetas. Sin tener que pedir permiso para no ser lo que otros esperan.

Y para llegar a ese punto, primero hay que romper con el prejuicio de que una mujer libre solo es aquella que desafía lo tradicional. Eso también es una forma de encasillamiento, solo que con una apariencia distinta.

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