Agosto: el mes de las segundas oportunidades que nadie pidió — pero que todos necesitamos.
Esta es la primera entrada de La Ridícula Vida Moderna, una pequeña esquina dentro de Enfoque donde cada semana vamos a intentar encontrarle el lado absurdo a esas cosas que hacemos todos los días y que, cuando las pensamos tantito, resultan bastante extrañas.
Y para empezar, hablemos de agosto.
No sé quién decidió que agosto era un buen momento para volver a empezar.
Pero agosto… Agosto llega después de siete meses de decisiones cuestionables y de pronto algo dentro de nosotros dice:
“Ahora sí.”
¿Ahora sí qué? No sabemos. Pero ahora sí.
En agosto uno empieza a sentir esa necesidad de acomodar la vida. De limpiar el cuarto, organizar los pendientes, regresar al gimnasio, comer mejor, dormir temprano, contestar mensajes pendientes y dejar de decir “mañana lo hago” como si mañana fuera una persona que trabaja para nosotros.
Y lo más extraño es que funciona. Porque agosto tiene algo que enero no tiene: la evidencia de que ya fallamos una vez.
Todos somos inocentes. Todo parece posible. La lista de propósitos cabe en dos páginas.
Ya sabemos que probablemente vamos a fallar. Pero esas dos veces al gimnasio ya cuentan como estrategia.
También pasa con el dinero. Ahí estás, viendo una promoción de algo que no necesitas, pensando: “Pero está en descuento.” Como si ahorrar fuera comprar cosas que no necesitas, pero más baratas.
Y luego está el gimnasio. El gimnasio es probablemente el lugar donde más veces hemos intentado comenzar una nueva vida.
Pero llega agosto y regresamos. Porque necesitamos sentir que todavía podemos volver a empezar.
Y creo que ahí está la parte menos ridícula de todo esto. Tal vez los seres humanos necesitamos inventarnos pequeñas fechas de inicio.
No porque realmente exista una frontera mágica entre un día y otro, sino porque a veces necesitamos una excusa para decir: “Lo que hice antes no tiene por qué decidir lo que voy a hacer después.”
Y eso me parece bastante bonito. Porque si esperamos a tener la vida perfectamente ordenada para sentir que podemos empezar de nuevo, probablemente no vamos a empezar nunca.
A veces simplemente necesitas decir: “Bueno, ya estuvo. Vamos otra vez.”
Y si fallas, puedes volver a intentarlo el próximo lunes. Si tampoco funciona, el primero del mes. Si tampoco, tu cumpleaños. Y si de plano nada funciona…
Siempre nos queda enero.
Porque la vida moderna podrá ser ridícula, pero por suerte también nos permite reiniciarla cuantas veces queramos. Aunque sea con la misma contraseña.
Nos leemos la próxima semana.
Encuentra el lado absurdo de las cosas que todos hacemos y que, cuando las pensamos tantito, resultan bastante extrañas. Columna semanal en Revista Enfoque.
La próxima semana en La Ridícula Vida Moderna
Más absurdos cotidianos que nadie se había atrevido a decir en voz alta.Por: Pepe Portadas https://www.instagram.com/pepeperroelshow/